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  • Cuando en el año 1983 Joaquín Sabina cerraba su respuesta a la pregunta de Víctor Claudín (“¿qué es la canción popular?”) en Pueblo que canta con el lúdico desafío “¡Abajo la Canción Popular! ¡Vivan las canciones populares!” no hacía más que volver a decir, con un gesto irónicamente adolescente, como él acostumbra a hacerlo, que con Franco (y, luego, el comienzo de la transición hacia la democracia española) debían ya de haberse muerto también los fundamentos y los dogmas, de uno y de otro lado: los de las políticas autoritarias y los de la reductiva y mezquinamente denominada “canción de protesta” contra esas mismas políticas. Las minúsculas y el plural de su respuesta cifran prodigiosamente la condición en verdad constestataria de esta canción buscada por Sabina, Serrat, Amancio Prada, Carlos Cano, Adolfo Celdrán, María del Mar Bonet, Paco Ibáñez, Lluís Llauch, Labordeta, Vainica Doble, Rosa León y otros. Ella, que acuñó tras de sí, como una música encantatoria, tantas denominaciones, ha “protestado”, desde su nacimiento, contra los abusos de los regímenes autoritarios y contra todos sus vecinos e hijos ilegítimos (los medios que los cobijaban, la canción “folclórica”, la de “consumo”…) incluyendo a sus descendientes actuales (la globalización, las diversas formas de xenofobia y discriminación, el descuido del sistema ecológico). Pero también “protestó” (desde el comienzo pero mucho más fructíferamente después), más allá de sus temas, a través de su filiación a menudo paradójica con la literatura consagrada y con otros productos circulantes dentro de los medios.

Última atualização da base de dados: 17/04/26, 23:00 (UTC)

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